
16 de febrero del 2026 En San valentin cali se vistio de rojo
La tradicional celebración de San Valentín en la capital del Valle del Cauca experimentó una transformación significativa al expandir su significado hacia el amor propio y el sentido de pertenencia territorial. Históricamente centrada en los vínculos de pareja, la fecha fue aprovechada para exaltar la conexión de los ciudadanos con Cali, reforzando la idea de la ciudad como un hogar colectivo. Esta iniciativa buscó que los habitantes se reconocieran en su entorno y fortalecieran el sentimiento de identidad con el lugar donde habitan y sienten que pertenecen.

En el marco de esta festividad, la Alcaldía de Santiago de Cali, mediante la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), intervino diversos espacios emblemáticos con una iluminación temática especial. Monumentos y lugares icónicos como el Teatro Municipal, la María Mulata, la Fuente de El Peñón, el monumento a Francisco de Paula Santander y el renovado Cristo Rey se tiñeron de rojo. El objetivo principal de este despliegue fue invitar a la ciudadanía a alimentar su vínculo con la urbe desde el respeto y la valoración de su patrimonio.

El color rojo, símbolo universal del afecto, funcionó como un lenguaje urbano para visibilizar el orgullo de habitar la ciudad y el compromiso con el cuidado de lo público. Esta intervención lumínica no fue solo un acto estético, sino que se transformó en una expresión colectiva para promover el respeto por los espacios compartidos. De esta manera, el gobierno local envió un mensaje claro sobre la importancia de querer a Cali a través de acciones concretas que protegieran la infraestructura y el mobiliario urbano.

Diego Hau, director de la Uaesp, destacó que la iniciativa pretendió resignificar la fecha desde una perspectiva urbana y comunitaria. Según el funcionario, la luz sirvió como una invitación directa para que los caleños se sintieran parte integral de su entorno y lo cuidaran como propio. La estrategia buscó que la iluminación fuera un catalizador para que la comunidad se reconociera en sus monumentos, promoviendo una cultura de cuidado que trascendiera la celebración comercial y se instalara en la cotidianidad de la gestión pública.